Así fue mi mili

>RELATO CORTO "COSAS Y CASOS DE CADIZ" CAPITULO VII          2º Premio concurso Amigos de la Mili

Así fue mi mili.
 
 
Publicado por: WWW.TUSITALADECAI.COM
 
 
Una vez atravesada la verja, nos bajamos del camión, un REO enorme, de esos que compro España a los americanos,  provenientes de la guerra de Corea. Hacía un frío tremendo, pero a uno de mis compañeros se le ocurrió que nos bajáramos un momento para según él “sacudirse hasta la más mínima mota de polvo de aquel lugar en el que habíamos permanecido durante el último año.”. Yo sin embargo no lo hice. Quería llevarme conmigo los recuerdos, buenos y malos que había acumulado durante los últimos 398 días.
Así fue mi salida del polvorín de Raimat, más conocido como Alcatraz:
(Quiero matizar que todo cuanto relato en este artículo es cierto y solo relato lo que yo viví.)
Ya se sabe que corren por ahí leyendas tipo “Iker Jiménez”, que son falsas. Y al final confunden a la gente.
No nombro con nombre y apellidos a los “protagonistas”, por respeto a todos y cada uno de ellos., han pasado muchos años y debemos ver estas cosas con la óptica que da el tiempo; de nada sirve ni es mi objetivo hurgar en heridas que es mejor dejarlas donde están, en el recuerdo de los que los vivimos, pero teniéndolas presente para que jamás vuelvan A suceder.
Todo empezó con el llamamiento a filas por parte de mi Ayuntamiento (Cádiz), posteriormente el reconocimiento médico y la entrega del Petate y un telegrama con fecha y hora en la que había que presentarme en la estación de Gerona y de allí al CIR 9 en San Clemente de Sasebas. Durante ese mes de instrucción, me lo pase en grande.
Empecé a trabajar a los 14 años, y hasta el último día antes de partir. Así que bien administrado tenía dinero para pasar la mili. Y ya se sabe que “las penas con pan son menos penas”. Aparte tuve suerte. Me hice de muchos y buenos amigos. Lo peor era el frio cuando soplaba la Tramontana y teníamos que pasar diana sin darte tiempo para vestirte o tenías que ir corriendo en ropa interior hasta las duchas que estaban a una considerable distancia. Yo el tema de la Diana, lo llevaba bien, estaba acostumbrado a madrugar y lo del frio lo tenía controlado. Al acostarme me quitaba toda la ropa junta y la dejaba preparada para nada mas tocar diana enfundármela como si fuere un guante, ponerme el pantalón, el pasamontañas y la gorra. Las botas me las ponía pero sin anudar, que eso si te lo permitían los mandos.
La comida era aceptable, buena y abundante y los días pasaban entre prácticas de tiro, instrucción y mucho cachondeo, buen ambiente y todas las tardes las horas de paseo.
Realmente guardo un estupendo recuerdo de aquellos días que terminaron con la Jura de Bandera, En la que a pesar de estar a más de 1000 km de mi casa, mis padres hicieron un gran esfuerzo y asistieron al día de puertas abiertas para los familiares y posterior jura de bandera. Con esas me monte en un autobús y tras 20 horas de viaje llegué a casa, con la ilusión de ver a mi novia.
El permiso duró poco y unos días más tarde me encontraba en mi destino el ” Parque de Artillería de Barcelona”. Donde tras un examen me destinaron a oficinas, todo apuntaba a que sería una mili cojonuda. Allí conocí a mi mejor amigo de Mili un tío estupendo, de un pueblo de Badajoz: Antonio Rodríguez Saavedra, mecánico de profesión.
Definitivamente, éramos unos tíos con suerte. O por lo menos eso creíamos.
Una mañana, nos llamaron a todos los del 8ª81, teníamos que presentarnos en el patio inmediatamente. Un capitán, fue pasando lista y nos dijo que tuviésemos todo nuestro equipo preparado, pues en cualquier momento vendrían a recogernos. Nos trasladaban de destino, del cual ya nos informarían en su momento.
A partir de ese momento, todo cambio. Prácticamente todo el mundo se desentendió de nosotros y nos dedicábamos a deambular por el cuartel, sin otro cometido que especular a que se debía ese traslado.
Poco tardamos en enterarnos pues algunos de los veteranos se encargaban de decirnos a cada momento que íbamos a ALCATRAZ, (Que así le llamaban), un Polvorín en Alpicat, un pueblo de Lérida. Sin duda, nos decía lo peor de lo peor. Pronto descubriríamos que se habían quedado cortos.
Casi sin darnos cuenta nos vimos en aquel tren, camino de un destino incierto, muertos de miedo. Fuera caía una intensa nevada, que no hacía más que ratificar cuanto nos habían repetido una y otra vez. Íbamos camino del infierno.
En la estación, no había ni un alma a excepción de nosotros. Tampoco había ni rastro del camión que nos debía recoger.
Pasado un buen rato una pareja de policías militares aparecieron con creo recordar dos cabos 1º y nos llevaron al camión. Inmediatamente los bombardeamos a preguntas cuyas respuestas no hicieron el efecto esperado de tranquilizarnos, sino todo lo contrario. Vinieron a corroborar la información que ya teníamos.
Yo tenía la esperanza de que todo hubiese sido una trola que formaría parte de eso que llamaban novatadas. En cualquier caso, confiaba en mi experiencia de chico de barrio, acostumbrado a tratar con todo tipo de personas desde chavales normales que trabajaban o estudiaban hasta ‘’yonkis’’, pues ya en aquellas fechas la droga se cebaba con la juventud. Con todos me llevaba bien, pero bueno, volvamos a la historia…..
Uno de los cabos, nos insistió mucho en que nadie se bajase del vehículo hasta que él nos lo indicara. Revisaron las lonas del camión asegurándose que quedaban bien firmes y emprendimos viaje, que a todos se nos hizo cortísimo, pues teníamos muy poquitas ganas de llegar.
Nuevamente el cabo 1º habló:
” Por favor, en unos momentos pararemos en el control de la entrada, sigan mis instrucciones y todo irá bien, recuerden: no se bajen del vehículo, no respondan a provocaciones y todo el mundo quietos y callados”…
Entre las lonas, vimos como el chofer enseñaba una documentación al personal de puerta y muy despacio empezamos a atravesar la verja que nos separaba del mundo exterior. Ahora realmente empezaba mi mili.
No sé de donde salieron (creo que el personal de puerta estaban conchabados con ellos y los tenían escondidos en el control), eran 10 o 12 soldados que rodearon el camión, profiriéndonos toda clase de Insultos y amenazas, (vamos a mataros, preparaos esta noche etc…) mientras que golpeaban las lonas con la intención de entrar, lo que gracias a Dios no lograron. Sus caras, sus ojos…. todo denotaba odio y desesperación.
La primera noche. No pasó nada, se limitaron a ir golpeando las literas de todos los “Bultos” que así llamaban a los novatos, acompañados de toda clase de amenazas.
Varias cosas me llamaron la atención pertenecíamos a diversos cuerpos de las fuerzas armadas: (Artilleros, infantería, montaña…..) Según decían, el destacamento de Raimat, era considerado un destino de castigo, donde enviaban a chavales conflictivos, que allí estaba claro serían “CARNE DE CAÑON” y la cuestión del pelo, allí llevaban el pelo cada uno como le daba la gana y nadie les decía nada.
Para el primer día nos habían preparado, varios trabajitos pero sin complicaciones; limpieza, ocuparnos de la basura, los perros, y cocina. Y fue allí donde empezaron los problemas. Un sevillano que era el encargado de cocinas, me llamó a un aparte y me puso al corriente de un tipo ya muy veterano, que al igual que yo estaba fregando los platos del almuerzo “a ese ni le pidas la hora” es muy peligroso y ya había enviado a otro al hospital por una hostia.
Al parecer era o había sido boxeador fuese o no verdad, daba miedo verlo.
Llevábamos más de una hora fregando (mejor dicho, llevaba yo pues el tío ese nada más que hacía mandar, mientras se bebía casi media botella de Brandy. Que si Bulto para acá, bulto para allá……Y yo estaba hasta los mismísimos de semejante cabronazo y en una de las muchas veces que me insultó, por lo visto según él “le había mirado mal” y borracho como estaba y todo, pegó un salto con una agilidad tremenda y cogió un cuchillo de los de verdad. Un cuchillo de los de 20cm de hoja y gritando que me iba a matar.
Casi lo consigue, pero sus mismos compañeros lograron reducirle. Nadie dio parte del incidente y pasé todo el día acojonado por si me lo encontraba. No bajé nI a la cantina por si acaso.
El Sevillano que antes comenté vino a avisarme, que esa noche iban a por mí. Como mi litera estaba muy cerca de la entrada, el Sevilla (que así le llamaban) me dijo que no me asustara. No era nada contra mí solo, todos los Bultos iban a recibir putadas por parte de los veteranos, solo que por mala suerte le había dado por mí al tío más malo del destacamento.
De noche allí no se quedaba ni dios, el responsable de la guardia era por lo general un sargento que traían diariamente desde Lérida.Cada día uno distinto, casi siempre nos dejaba hacer lo que nos diese la gana y ese día no fue una excepción. Además, si ibas de chivato, peor.
Las palabras del sevillano, no sé si me tranquilizaron o aumentaron el miedo que sentía. Como dije antes a todos los bultos se les había puesto juntitos para tenerlos localizados, cerca de la puerta para que no escapase nadie. El Sevilla, me propuso que esa noche cambiásemos las camas, es decir, yo dormiría en su cama y él en la mía, así no darían conmigo y poco a poco se calmarían los ánimos.
Nada más acostarnos, se encendió la luz y allí estaban unos 30 veteranos dispuestos a putearnos. El tío de marras no estaba.
Fue un puteo simpático, por lo menos yo me harte de reír, se celebraban los concursos de míster bulto y míster po… a que consistían en valorar por parte de un jurado quien tenía los testículos y lo otro más desarrollados. Si había un empate uno de los bultos era obligado a medir el miembro con un calibre o pesar los testículos con una cuchara. En definitiva, un cachondeo, que honestamente no hacía daño a nadie.
Pasada la media noche y una vez dormidos, aparecieron de pronto otra vez los puteadores, solo que este turno era de los malos, encabezado por el que me quiso matar a medio día que no paraba ni un segundo en su empeño de dar conmigo. A todos los bultos los sacaron de las literas y empezó el puteo con todo tipo de agresiones físicas y psíquicas, vejaciones humillantes para cualquier ser humano… Yo mientras, seguía escondido en la cama del Sevilla.
No tardó mucho la única neurona que tenía el bestia ese en resolver la ecuación: si hay dos camas y en cada una un soldado A y  b y mi cama estaba ocupada  por el Sevilla, ¿¿¿En qué cama estaría escondido el otro???
De un tirón me saco de la cama y aunque me dio varios tortazos con la mano abierta, seguía entero y sin daños importantes. Me gritaba y amenazaba, tan violento se puso, que el resto de acémilas que le acompañaban debieron notar que la cosa se estaba poniendo muy fea e intentaron calmarlo, lo cual, le hizo enfurecer más. Nuevamente puso a trabajar la única neurona que tenía y decidió poner fin al episodio, no sin intentar antes tirarme por la ventana, que menos mal que me ayudaron y me auparan, sino, posiblemente ahora estaría muerto.
Tampoco entonces dimos conocimiento de lo ocurrido. Para alegría de casi todos los dias porteriores se respiraba una cierta paz. Las putadas (las graves), habían cesado, aunque eso no quitaba para que o los bultos nos robasen en las taquillas, nos quitasen el tabaco y cosas de ese calibre. Cierto es que también todo esos comportamientos fueron cesando y fuimos integrándonos con los veteranos. El animal que casi me mata, no volvió a molestarme.
El polvorín tenía una dotación de algo más de un centenar de soldados, un Capitán, un Teniente, dos Brigadas y un Sargento, aparte del que venía diariamente de Lérida como ya he comentado, a hacer de oficial de guardia. Al ser tan pocos Permisos muy pocos, cualquier tontería la utilizaban para quitártelo, Yo mismo, no tuve uno hasta 11 meses después.
Mi amigo El Sevilla” se licencio, no sin antes enchufarme como jefe de cantina, un destino muy bueno. Hay que tener en cuenta que prácticamente no salíamos a la calle, pues para ir a Raimat, que era un pueblo pequeño, había que ir y venir a dedo, por lo que la vida la hacíamos en la Cantina. Y con el cantinero había que llevarse bien, por lo que no me faltaba e nada, además era respetado por todos. Tras uno meses el Teniente que además de idiota, metía mano en la caja, me quitó a mí para poner a un Catalán enchufado. El jefe de cocina era muy amigo mío y logró que me destinaran a cocina, donde pase el resto de la mili. Viviendo bien y comiendo mejor.
Con respecto a los trabajos a realizar había para no aburrirte:
– Prácticamente un día sí y otro no te tocaba guardia ya fuese en una de las cinco garitas repartidas por toda la extensión del polvorín o de patrulla con perros. A las garitas te llevaban en vehículo militar y te dejaban allí, solo en medio de la nada. Se repartían las horas entre tres soldados a excepción de la noche en la que permanecían los tres.
– Pico y pala para hacer caninos nuevos y despejar los ya existentes de rocas.
– ocuparte de la basura. Con dos o tres más y carros de mano recorrerte varios km hasta el vertedero. Solíamos llevarnos unos CETMES para  matar cualquier alimaña que viesemos. Ratas y Zorros fundamentalmente.
– También teníamos las “prácticas de tiro”, que consistían en coger cada uno 3 o cuatro cajas de munición caducada con 500 balas cada una y mosquetones, (3 o cuatro cada uno). E ir cargándolos disparando a la nada. Había que ir controlando la temperatura, sino,  corrías el riesgo de que el mosquetón se reventara con el peligro que ellos suponían. De todas formas procurábamos mantener los mosquetones lejos de la cara. Aún así hubo un par de accidentes en el año que estuve allí. Gracias a Dios sin graves consecuencias.
La falta de control y el desmadre que existía, convertían las taquillas de algunos soldados verdaderos arsenales, pues nada nos impedía llevarte lo que nos diese la gana. Además de otros tipos de munición, también teníamos que destruir la de Fogueo que era exactamente igual que la auténtica, solo que la bala era de un material parecido a la madera de balsa.
Todos los ingredientes para que sucediese el desastre estaban preparados, solo faltaba que a algún descerebrado se le ocurriese alguna locura. Llevábamos ya una semana más o menos en Raimat cuando al levantarme, observé que “algo” grave había ocurrido. Había un extraño trajín en el destacamento y en la cantina un Comandante Y un Coronel, charlaban gesticulando mucho. Poco tarde en enterarme de lo que había ocurrido la a noche anterior, en la que yo, menos mal, no estaba de guardia.
De noche en las Garitas ya he comentado que se quedaban tres soldados. Normalmente nunca se dejaba a un bulto solo, sino que siempre el furriel intentaba poner a dos veteranos y un bulto. Por lo visto convencieron al furriel, para que cambiara el estadillo y opusiera a tres veteranos juntos y en la otra a tres Bultos. Eligieron las Garitas más alejadas pero más cercanas entre sí, a fin de facilitarles la Broma”,
Muy de madrugada, cuando ya había pasado la última Patrulla, los veteranos que se encontraban en su garita, borrachos abandonaron el puesto y se dirigieron a la garita de los Bultos y después de putearlos a su antojo y siguiendo el pan que antes habían trazado, les dijeron a los Bultos que habían decidido fusilarlos. A cuatro o cinco metros, los bultos vieron claramente como ponían munición en sus cetmes. Los pusieron contra la pared a pesar de lloros, suplicas y ataques de nervios les hicieron rezar un Padre nuestro y dispararon.
Regresando a su garita como si tal cosa. Evidentemente los Bultos estaban vivos, histéricos pero vivos. ¿Que había pasado? Muy sencillo, cambiaron la munición reglamentaria y pusieron balas de fogueo.
Semejante animalada, habría pasado como tantas otras, si la mala suerte no se hubiese cebado con los chavales. Ellos no informaron del suceso, pero un cabo 1ª de reemplazo, escucho el tiroteo y dio parte, Rápidamente tiraron del hilo e interrogaron a los Bultos, que se derrumbaron rápidamente, contando todo cuanto había pasado.
Eran más o menos las 22 horas y todo el destacamento nos encontrábamos formados en situación de firmes. Frente a nosotros de encontraban tres sillas y detrás todos los involucrados, mandos del destacamento y el Comandante y el Coronel que había visto por la mañana en ña cantina.
De tres en tres fueron sentando n las sillas a los bultos y veteranos y mientras el Comandante nos leía en voz alta el código penal militar. Tres soldados pelaban al cero a los chavales. A los veteranos se les acusaban de varios delitos graves y a los pobres bultos de no comunicar lo que paso de no cumplir con su misión de centinelas, según el Coronel debía haberles pegado un tiro a aquellos que asaltaron la garita. Se los llevaron y no volvimos a saber nada e ellos. Según se decía, se pegaron toda la mili en el Penal Militar de Figueres. Después de aquello, nos comunicaron la destitución del Capitán y se nos presentó al nuevo jefe del destacamento otro Capitán que venía de la legión. Él era el encargado de meternos en vereda. El Capitán Plaza. Con su pañuelo de la Falange en el cuello. Con este había que tener mucho cuidado, pues era un tipo peligroso e impulsivo que nos puso las pilas a base de guantazos. Yo creo que no era apto para el servicio, pues era un sádico paranoico. Se pasaba las 24 horas dando vueltas con la moto a ver a quien pillaba haciendo cualquier chorrada para darle dos hostias o arrestarlo.
Pasaron muchas cosa más, buenas y malas, que hacen que tenga sentimientos encontrados sobre mi mili. Pero hay una cosa que compensa. A pesar de todo lo malo, encuentras por el camino a gente que merece la pena y que ya formaran parte de tus recuerdos y tu vida para siempre, como mi amigo Antonio Rodríguez Saavedra. Aquel chaval que conocí en mi destino de Barcelona.
Para terminar, hace 15 días, regresaba con mi familia de una vacaciones en Galicia, de pronto vi la indicación de desvió para Fuente del Maestre. El pueblo de mi gran amigo. Sin pensármelo dos veces tome el desvió. Le dije a mi mujer ¡¡¡VOY A VISITAR A MI AMIGO DE LA MILI!!! En un pueblo pequeño, todos se conocen y no tarde en averiguar dónde vivía, y allí que me fui con mi familia. Poco después llegue a donde me habían indicado, llame a la puerta y de pronto me encontré de cara con mi gran amigo Antonio. Nos hartamos de llorar y allí estuvimos un buen rato contando batallitas de la mili.
Como ocurrió hace más de 30 años, en un andén de la estación de Barcelona, nos dimos un fuerte abrazo y nos despedimos. Pero esta vez convencidos de que no haría falta otros 30 años para vernos de nuevo.
Publicado por: Salvador Cosa Alejo 8º81

12 responses to this post.

  1. Posted by Cris on 10 septiembre, 2017 at 3:21 pm

    Lo has contado tan bien que parecía que lo estaba viviendo yo…bueno de alguna manera formo parte de esa aventura,porque por lo que me contaron yo era muy chica y papá y.mama me dejaron para ir ellos a Gerona y la lié parda.

    Responder

  2. Posted by Albert Sala Martin on 15 mayo, 2017 at 7:37 pm

    YO ESTUVE EN EL 81, AQUELLO ERA UN DESMADRE FUI CABO DE LOS GAI

    Responder

    • Hola compañero, aquello mas que un desmadre era, como se suele decir “un cuartel sin bandera”, ¿Gobernado? por un demente analfabeto que representaba a escala lo que era entonces el ejercito español. Tan analfabetos y burros eran que solo a una pandilla como esa se le ocurriria llamar al Grupo de Accion Inmediata (o algo asi era ), los “GAI”. Que foneticamente es igual que “GAY”. Siendo las criaturas objeto de cachondeo general (sin acritud) jajajja

      Un aabrazo
      SALVA

      Responder

  3. Me suena, ja, ja, ja.

    Un saludo y si quieres me puedes localizar en :

    https://www.facebook.com/JoanCarlesDiaz
    o a través de este e-mail: bigoratex@gmail.com

    Yo tengo mucha relación con Tomás, de la centralita de teléfonos.

    Un saludo

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  4. hola Salvador, te vi por la web de la mili, yo soy uno de los que fueron a reemplazar a los agregados de los que hablas y posiblemente a licenciarte a ti y a los de tu reemplazo… se me ocurre que podemos ponernos en contacto por aquí
    https://www.facebook.com/cesar.diazmasa…. también te diré que en facebook existe un grupo del polvorin , con un montón de fotografías y de historias…https://www.facebook.com/groups/146522568713127/#

    Responder

  5. Posted by Cesar on 15 septiembre, 2016 at 12:50 pm

    Salvador,soy Cesar Diaz-Masa 7/82 en Alcatraz, visto tu mensaje en la web de la mili, te dejo tambien por aqui por donde podemos ponernos en contacto…https://www.facebook.com/cesar.diazmasa..
    tambien en Facebook hay un grupo del polvorin ,con una gran cantidad de fotografias e historias del desaparecido destacamento,,,https://www.facebook.com/groups/146522568713127/?fref=ts#

    Responder

  6. Me ha gustado mucho y he recordado las batallitas que me contaban mis amigos. Que tiempos!!

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  7. Posted by Maria Jose Sanroman Bouzos on 9 septiembre, 2016 at 9:51 am

    Un buen relato muy emotivo. Enhorabuena por el premio.

    Responder

  8. RECIBIDO POR EMAIL:

    ángel mendoza gonzález
    9:40 (hace 1 minuto)

    para mí
    Enhorabuena, Salva, es un relato lindo y bien escrito, como todo lo tuyo. Un abrazo y a seguir.

    Responder

  9. Posted by Juan Fco juanes on 8 septiembre, 2016 at 10:35 pm

    Precioso. No he parpadeando hasta terminar. Un gran abrazo

    Responder

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